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La UE y Europa: ¿Dicotomía, prudencia o torpeza?

Por: Farid Badrán R.

La posición europea de cara al contexto en el mundo árabe y en el caso especial de Libia ha mostrado una ostensible falta de consenso que la proyecta como un actor ambivalente, cuya condición además no le permite llevar a cabo un liderazgo frente a los desafíos geopolíticos que se perfilan en el Mediterráneo.
Y es que mientras unos Estados como Portugal reciben con honores al embajador de Gadafi, otros Estados como Francia optan por reconocer a la oposición pero con Gadafi en el poder.
Italia por su parte se juega grandes intereses en materia económica y energética y por ello pese a apoyar algunas de las medidas financieras contra el Coronel Gadafi y su familia, así como la exclusión de espacio aéreo, evita comprometerse más de lo necesario con las sanciones comunitarias.

Entre tanto Catherine Ashton como representante de la diplomacia europea ha efectuado una serie de visitas y declaraciones que no permiten entrever nada concreto, y que de hecho ha ganado varias críticas por parte de algunos eurodiputados. Tampoco se ha reunido con ninguno de los líderes de la oposición ni por supuesto con Gadafi.
Mientras eso sucede, y en contravía a las declaraciones francesas, la UE dice que no reconocerá el gobierno de transición en Libia basándose en que el reconocimiento que la comunidad internacional debe hacer no es de gobiernos sino de Estados.

Hungría como presidente de turno de la UE tampoco se ha manifestado en ningún sentido pese a que una de las directrices que señala la presidencia rotativa de la UE es justamente la de la proyección del bloque europeo en el mundo.
A todo lo anterior debemos sumar el efecto que están surtiendo las amenazas de Gadafi en el viejo continente. Declaraciones como la de abrir las fronteras del país para estimular el flujo masivo de migraciones hacia Europa donde Italia y Francia serían las primeras perjudicadas; o la amenaza de revelar “graves secretos” que afectarían la gobernabilidad en Francia; o las amenazas de aliarse con Osama Bin Laden. Todas ellas obligan a aún más a los Estados de la UE a actuar con cautela.
Empero, la cautela puede estar convirtiéndose en torpeza por cuanto justamente no ha habido hasta ahora una declaración firme y unívoca sobre la crisis que enfrenta Libia.

Estados Unidos, y la OTAN también han asumido una posición bastante reactiva, cuando lo que empezó como una revuelta en Libia de la misma naturaleza de las acaecidas en Túnez, Egipto y Bahréin, se ha convertido en una guerra civil en donde el relativo hermetismo de la información no permite conocer la verdadera proporción y magnitud del conflicto.

En ese sentido la ONU es tal vez la que más se ha movilizado para sancionar y evitar con casi todos los medios de los que dispone, que la violencia y la desestabilidad se perpetúen en Libia. Sin embargo ya se han presentado algunos roces y divergencias en el Consejo de Seguridad en donde China y Rusia se oponen a todo tipo de intervención militar extranjera y esa falta de consenso puede ser determinante del fracaso de la tentativa de estabilizar la región.

En todo caso, Europa por su proximidad geográfica y su interés geopolítico y geoestratégico es quien más mal librada está saliendo de esta situación por cuanto está desperdiciando una oportunidad única para proyectar el bloque de unidad política que pretendió ser a partir del Tratado de Lisboa.

Su diplomacia está demostrando ser aún embrionaria y capaz de movilizarse con cierta efectividad únicamente en lo que respecta a sus instrumentos económicos y financieros, que han sido a la postre la fuente de su status e influencia en el sistema internacional de nuestros días.
Ese mensaje tácito de incapacidad o de falta de maniobrabilidad política obliga entonces a remitir la responsabilidad de la estabilidad en la región a los proverbiales responsables de hacerlo con el costo, la crítica, la objeción y la incertidumbre que eso suele implicar.


Entre tanto, Libia se divide y parece ser el retrato de las otrora batallas tribales propias del mundo árabe primigenio que en muy reducidos casos ha sabido moldear sus estructuras de gobierno y poder para que puedan ser catalogadas como democracias en la escena mundial de hoy.


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