

Mientras Europa celebra con sincera alegría el fin de sus separaciones intestinas, Latinoamérica se resbala en un clima provocador e incendiario que solo incita a la separación regional y a la triste amenaza de una guerra.
Por: Farid Badrán R.
Nov 9 /2009
Mi pobre Latinoamérica pobre no levanta cabeza. En Honduras la crisis interna de legitimidad, gobernabilidad e inclusive violación de derechos humanos por parte del cuerpo militar del gobierno golpista, tiene al país en el atolladero.
En Perú la impopularidad del presidente alcanza niveles muy altos. En Ecuador la crisis energética inclusive les obligó a recomponer relaciones con Colombia (de quien depende en un porcentaje en este rubro).
En Colombia, el paramilitarismo sentado en varias curules, la pobreza del 46%, el desempleo del 13%, la corrupción política, el tráfico de influencias, las embajadas como favores políticos, las arbitrariedades gubernamentales como el Agro Ingreso Seguro, y la informe campaña preelectoral de uribistas sin Uribe, uribistas con Uribe y de Uribe sin saberlo; son un colage pintoresco, caribeño y jacarandoso que se oculta hábilmente del buen criterio de los colombianos tras las cámaras y los libretos que postulan RCN y Caracol en sus novelas y ferias de variedades intituladas bajo el nombre de noticieros.
En Venezuela la escasez de agua que obliga a racionamientos de 48 horas, la situación deplorable y vergonzosa de la libertad de prensa, la insuficiencia alimentaria, el crimen, la pobreza, la falta de confianza de los inversionistas extranjeros, son un cúmulo de males que se completan con su presidente seudo dictador quien pareciera ser el verdadero cáncer de ese país.
Por otra parte Europa empieza a mostrar otra cara después de que la irresponsabilidad de las entidades financieras en el mundo crearan una crisis que dejó a medio planeta (pero no al grupo Planeta) a la deriva.
Hoy celebran 20 años de la caída del muro de Berlín, lo cual fue el claro mensaje de la implosión de la URSS y por ende del surgimiento de una nueva era que terminó de dar paso a la integración en Europa. Significó también el fin de un prontuario de guerras postguerras y guerras frías en la región, y el inicio de una edad de concertación y cierta madurez política traducida en los esfuerzos por mejorar el nivel de vida de sus nacionales y el status y perfil de la región de cara al mundo.
Sin embargo acá, en este Continente rico en generosidades culturales, de recursos, de naciones y pueblos hermanados por el idioma, y la historia. En este Continente que tiene toda la materia prima para ser una plataforma monolítica de mucho peso en el mundo, estamos enrevesados en una serie de confrontaciones, provocaciones, sospechas, acciones y omisiones mal intencionadas.
Con mucha tristeza (y si me apuran con vergüenza ajena también), miraba ayer como Hugo Chávez se henchía de orgullo hablando con esa actitud mesiánica barata, (populista al fina y al cabo) de alistarse para una guerra contra Colombia. Conminando a los estudiantes, obreros, hombres y al pueblo venezolano en general a levantarse contra Colombia quien en el estricto sentido de las artes de guerra nada le ha hecho a Venezuela.
Cambié el canal y vi en los archivos periodísticos de hace 20 años la caída del muro de Berlín, la alegría de la gente que se reencontraba. El asombro casi cándido de quienes desde Alemania Oriental no conocían el bombardeo consumista inmanente al capitalismo de Alemania Occidental.
Volví a cambiar al anterior canal y ahí estaba Chávez, incitando con sus irresponsables y arteras palabras a una guerra.
Él, ni nadie en la Latinoamérica de nuestros días (Salvo Argentina con las Malvinas) sabe lo que es verdaderamente una guerra, un derramamiento de sangre, una tortura, la destrucción de las escasas plataformas productivas de los países, el esfuerzo de generaciones pudriéndose en los cadáveres de soldados. Mujeres viudas, hijos sin padre, edades de trauma y reconstrucción (que en Latinoamérica serían muchas). La muerte de las ideas, del cambio, la evolución y la paz… La muerte.
Europa sabe bien lo que es eso, lo que significa, lo que cuesta superarlo. Por eso hoy celebra su unión y el fin de serias divergencias sociopolíticas en su interior.
Venezuela ni su presidente lo saben. Compran armas, hacen maniobras de guerra en el Caribe, compran avioncitos como si fueran pirulitos, hablan idioteces irresponsables e infundadas y solo siembran incertidumbre, desconfianza y rechazo.
Lo peor de este escenario tan tenso y provocador es que con sus ofensas a Colombia y su gobierno, lo único que logra Chávez es que los colombianos se unan con Uribe para defender al país de posibles amenazas externas, rechacemos las agresiones, y nos olvidemos de las incontables ignominias intestinas de las que somos depositarios al ser los borregos de un gobierno incapaz de conjurar verdaderas políticas sociales en materia de educación, salud, pobreza y seguridad humana (que no democrática).
En Venezuela pasa algo similar. Los círculos bolivarianos en los barrios y ciudades neurálgicas para el proyecto chavista controlan y adormecen la necesidad de los pobres con paliativos baratos y cortoplacistas, mientras que el discurso incendiario, hostil y guerrerista de su infausto gobernante levanta a toda costa resquemores contra Colombia en el nombre de la unidad latinoamericana de su presunto proyecto socialista.
Paradójicamente y con su descarada y cínica actitud, Chávez solo está logrando la desunión de los pueblos que su amado (y nuestro respetado) Simón Bolívar tanto evitó.
Como pueden ver, no soy partidario de Hugo Chávez, tampoco lo soy de Álvaro Uribe. Lo soy de la paz.
Celebran a 15.000 km la caída de un muro que ya no existe y que no obstante aún tiene pendientes algunas tareas sociales en la Alemania de hoy.
Acá por el contrario son 15.000 soldados los que levantan un muro de 2.300 km a partir de un compendio de desconfianzas, insultos, calumnias y provocaciones para caer en ese escenario en donde la muerte reina, y el caos gobierna con tal de que a la postre la bandera venezolana ondee en nuestra Guajira colombiana. Y mientras en Alemania vuelven a decir Goodbye Lenin, acá tengamos que decir Hello Hugo.