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Artículo especial.Bicentenario de la Independencia: Pendiente y dependiente de la emancipación.

 

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Por: Farid Badrán R.
El bicentenario de las independencias se cierne sobre América Latina más como un fantasma pidiendo cuentas, que como la memoria del orgullo de sus naciones y gobernantes.

Cuarenta lustros han pasado desde que Simón Bolívar, José Artigas, Manuel Belgrano, y su plétora de seguidores contribuyeran a las gestas independentistas en varios países de Latinoamérica. La impronta de su legado ha sido dechado de los principios soberanos y la piedra angular de los sistemas democráticos. Fue inclusive el inicio fallido de una integración entre los pueblos otrora hermanados por la causa independentista.

En aquel entonces la configuración del sistema internacional era una muy otra a la de nuestros días. Alemania ni Italia existían como Estados propiamente dichos y eran la confluencia de varias coronas y casas nobiliarias. Francia perdía cada vez más terreno como potencia mundial frente al crecimiento de Inglaterra quien fortalecía su presencia colonial en África, el Sudeste asiático, e India.

Estados Unidos, faro de la primera revolución independentista era un terreno gigantesco en franca expansión hacia el oeste que borraba del mapa y llevaba al ostracismo a centenarias culturas aborígenes como los Sioux, Los Pie Negro, los Algonquinos entre varios más.

China entraba al ocaso de la que sería su última dinastía (Quing) con el cansancio de miles paquidérmicos años que le cobrarían factura en las guerras del opio contra Inglaterra y las revoluciones sociales subsiguientes.

El Panislamismo surgido desde el siglo VII reconfiguró la cara de Oriente Medio y el Magreb, y la religión había ya adoptado matices en tanto que sus practicantes no eran solo árabes sino turcos y persas también como recreadores y practicantes de una nueva cosmovisión que daban y enriquecían a su manera su vocación de vida a través de la religión.

La absolutista Rusia zarista venía de vencer a los ejércitos franceses en su tentativa de conquista, y tras crear la Duma en un intento de laxitud frente a su nación se vio recrudeciendo su férrea mano contra la población con la llegada al trono de Nicolás I quien tras la Insurrección Decembrista solo conoció la autocracia y la represión como modelo de gobierno.

Japón por su parte no pasó de ser una simple economía rural de arcaicos sistemas administrativos hasta el advenimiento de la Revolución Meijíl en 1866 por la cual modernizaría todo su andamiaje socio económico y administrativo.

Es en este contexto en el que se dan las independencias de varias de las colonias españolas en América. España salía debilitada de la recuperación de su trono usurpado por los franceses y la organización y el cabildeo criollo en sus colonias representó el inicio del final de su vasto imperio en 1810 por medio de las juntas patrióticas en Buenos Aires, La nueva Granada, Venezuela, Montevideo, Lima y Alto Perú.

Entre 1816 y 1826 se consolidan las independencias definitivas de los Estados latinoamericanos después de las fallidas reconquistas españolas y llega así el tiempo de la libertad…¿pero fue también realmente el tiempo de la democracia?

Desde aquel entonces Ecuador, Chile, Argentina, Colombia, Paraguay, Uruguay, Brasil, Bolivia, Venezuela, México, Nicaragua, Panamá (una vez separada de Colombia), El Salvador, Haití, Cuba, República Dominicana y Guatemala experimentaron dictaduras militares en diferentes épocas de su historia y algunas de hecho la mayor parte de la misma.

Y es que en efecto, si sumáramos los años de dictaduras militares de los países mencionados nos encontramos con la increíble cifra de 592 años (si los pusiéramos en fila). 392 más que los que los Estados están con patrióticas ansias de celebrar cuando si cabe develar algo es que a juzgar por lo anterior el antipatriotismo nació en sus propios patios, y fue (y es aún) el producto de execrables gobiernos interesados en procurar el bien particular y el de las esferas del poder antes que el de los pueblos a los que representan y gobiernan con despreocupación y falta de criterio y moral.

En nuestros días otro golpe certero a la democracia lo estamos evidenciando en los populismos disfrazados bajo el eufemismo de nuevas revoluciones sociales cuyo arquetipo es el del gobernante que se arroga a través de las violaciones arteras a la constitución derechos y márgenes inconstitucionales para dar pan y leche a los pobres sin solucionar las verdaderas falencias estructurales de sus Estados en materia de salud pública, corrupción política seguridad, economía y medio ambiente: Desarrollo.

De hecho los sucesos que en la última década hemos venido presenciando no son en varios casos más que la utilización de la democracia para la destrucción de la misma dada a través de perpetuaciones en el poder por el poder de la demagogia, y en su encantamiento, la refundación de las cartas políticas de los Estados como si se tratase de un balance de cuentas de gigantescas haciendas habitadas por peones alimentados, y enajenados por el hechizo del pan, los medios de comunicación parcializados, y la oratoria agresiva y nacionalista erróneamente apegada a incongruentes antecedentes históricos.

La democracia en América Latina a juzgar por ello no pasa de ser un titulo nobiliario inmerecido que creemos cierto y efectivo en cada temporada electoral. Los pueblos…el pueblo, ha sido desde hace 200 años la bisagra que permite la apertura de la puerta al gobernante de turno (allá donde las dictaduras lo han permitido) y aunque sería ciertamente falaz aseverar que todos han sido una caterva de corruptos, incompetentes, egoístas y mezquinos, tampoco es falso que la historia (la verdadera) nos demuestra hoy por hoy que América Latina no es el 50% de lo que podría haber llegado a ser en estos días.

En comparación con 200 años atrás, la configuración del sistema internacional ha cambiado la cara de los antiguos protagonistas.

Estados Unidos es la cepa y el arquetipo del “mundo libre” de hoy (al menos eso reza su discurso).

La Unión Europea y dentro de ella Alemania e Italia son ejemplo que haría sonrojar al pomposo prontuario de gobernantes y militares latinoamericanos (si tuvieran vergüenza o al menos supieran lo que eso es) al constituirse como Estados 50 años después que la media de América Latina y haber sufrido las denostables y tristes secuelas de dos guerras mundiales, una guerra fría de más de 40 años (En el caso alemán) y estar sin embargo en nuestros días ocupando los primeros puestos como países desarrollados e industrializados. El resto de Europa y especialmente los países de la antigua Unión Soviética son también muestra fehaciente de que una voluntad política correctamente encaminada sí puede procurar el desarrollo de sus pueblos. España por su parte abrazó la democracia de nuevo en 1976 después de 40 años de dictadura y pese a los problemas nacionalistas de que adolece, es hoy día un estandarte de desarrollo y calidad de vida digno de mostrar.

Rusia por su parte y tras colapsar en su antigua U.R.S.S., se perfila de nuevo como un gigante de la política internacional. Su economía mueve el mercado asiático y el este de Europa, y su voz siempre es escuchada en el escenario global.

De la misma manera China (pese a no ser un país democrático) ha sido un ejemplo de superación en muchos campos del desarrollo y aunque comercialmente y económicamente ha logrado mucho también es cierto que aún tiene problemáticas sociales y culturales que de no solucionarse impedirán un desarrollo efectivo de todo el país y no solo de sus ciudades principales.

Por su parte Japón después de haber sido como se dijo una economía rural casi autárquica pasó a ser una de las principales potencias económicas del globo aún después de dos bombas atómicas, terremotos periódicos, una barrera idiomática y cultural difícilmente franqueable, y el hecho de ser una isla en los confines del Pacífico.

El mundo musulmán pese a estar segregado y a no tener perspectivas de hermanarse de nuevo en mucho tiempo, sí se perfila como un protagonista visible y de gran importancia geoestratégica en el sistema. Irán, Arabia Saudita, Egipto, Irak, Afganistán, Palestina y Líbano especialmente ocupan un lugar bastante más prioritario que Latinoamérica. en las agendas internacionales de Estados Unidos, Rusia y la UE.

India es la otra gran sorpresa de cambio en el mundo e igual que China debe afrontar barreras socio – culturales y religiosas muy delicadas. No obstante y tras su reciente pasado colonial es un ejemplo en muchas materias para Latinoamérica.

En esta dispar carrera por el desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida de las diferentes naciones tal vez el caso africano en varios de sus Estados es comparable en algunos casos e inferior en otros al que presentamos en América Latina. La corrupción política es la fuente de todos los vicios administrativos y gubernamentales de África y casi podríamos decir lo mismo de su continental hermano centro y suramericano.

Latinoamérica es hoy un compendio de riquezas sociales y culturales amilanadas por malas administraciones. El carácter de sus naciones es alegre y cordial, sus ganas de salir adelante son verdaderas y esa vocación puede ser el semillero de un desarrollo evidenciable a futuro.

Pero tal vez mientras sigan a la cabeza gobiernos que en su naturaleza sean la negación misma de la democracia no habrá posibilidad de maniobrar en pos de aquellas cosas que como seres humanos merecemos. La verdad y la rectitud residen en la noble vocación de mejorarlo todo para todos. Los recursos existen. La tierra que se nos ha dado por la independencia es más que la nominalidad de ser nacional de algún sitio. Es la responsabilidad intrínseca de perpetuarla como nuestra en el animo de prolongar y cristalizar el ideal por el que hace 200 años líderes y visionarios – humanos a la postre- entregaron su energía vital.

Si creemos que la consigna libertadora cumplió su objetivo con el nacimiento de la democracia estamos equivocados. La consigna libertadora vive mientras viva en el papel y en el suelo y la práctica el legado democrático heredado de los padres de la patria y a quienes honramos en fútiles e importantes desfiles militares con humitos de colores; en bustos de cobre y estatuas cagadas de palomas como reclamo por la paz que varios Estados aún no conocen en la mitad de su dimensión.

Estamos así ineluctablemente abocados a librar nuevas batallas por una nueva independencia más complicada aún: La independencia de nosotros mismos, de nuestro pasado, nuestros errores, y vicios. La emancipación de quienes en henchido cuello son la afirmación artera y soterrada a la vez de la amenaza a la frágil e interrumpida democracia latinoamericana de ayer y de nuestros días.




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