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18
mar
09

“…Bolivar lanzó una estrella que junto a Martí brilló, Fidel la dignificó para andar sobre estas tierras.”

latinoamerica

Por: Farid Badrán Robayo. 18/03/09
Lo que Pablo Milanés escribió bajo el título de “Canción para la unidad latinoamericana” parece estar materializándose, pero ¿hay en realidad una unidad en el Continente? Las sombras de la enfermedad de la democracia en América Latina a causa de los personalismos se ciernen al tiempo que más Estados se acogen al redil de las izquierdas.

Con la victoria de Mauricio Funes a la presidencia de El Salvador, se incrementa el ya considerable listado de gobiernos de izquierda en América Latina (Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, y Cuba). El representante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional – ex guerrilla hecha partido político- supo aprovechar el cansancio general de la sociedad salvadoreña a varios lustros de gobierno del ARENA con resultados deficientes en materia de economía, y seguridad.

Sin embargo, una de las consignas de Funes estriba en enarbolar un gobierno de izquierda moderada en la que las relaciones con Estados Unidos se estrechen de la misma manera como espera hacerlo con Brasil. Ineluctable, la sombra de Chávez en su desaforado (y desafortunado) discurso se cierne sobre el nuevo panorama salvadoreño que el nuevo presidente intenta eludir y espantar con un matamoscas de sugerentes comentarios a pocas horas de ganada su presidencia y máxime después de recibir las indeseables palabras del presidente de Venezuela diciéndole: “Los hijos de Simón Bolívar tendemos nuestra mano solidaria al Presidente Mauricio Funes”.

Al expandirse el cuerpo de izquierdas en el continente pareciera que también lo hace la complejidad de su naturaleza en cada país. Se empiezan a denotar paulatinamente matices de una misma vocación política que eventualmente no podrán configurar el ensoñado paraíso chavista (que no bolivariano) que se plantea en el Palacio de Miraflores para toda América Latina.

La unidad del continente que hoy sugiere en vociferantes discursos el presidente de Venezuela es una conformada por el solo ánimo de ir contra los Estados Unidos y no una motivada en el verdadero desarrollo de andamiajes comerciales, y socio – culturales que sean capaces de consolidar al Continente como una verdadera plataforma socio – política de peso en el sistema internacional.

Y es que el ensimismado personalismo del que adolece la democracia en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Colombia (sin ser este último de izquierda), son la muestra fehaciente de que esta tendencia de izquierdas se alimenta de las figuras presidenciales y no de las vocaciones sociales y políticas del Estado como institución. Los proyectos políticos que hoy montan en detrimento de sus Constituciones durarán mientras duren ellos en el poder y por eso la tarea de hoy es perpetuarse en el mismo para dar tiempo a que esos proyectos rindan sus frutos.

Ciertamente, esto no es ni democracia ni unidad latinoamericana. Ya lo decía el propio Simón Bolivar en el Discurso de Angostura en 1819: “ La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.”

¿Qué diría ante eso su más fiel “reivindicador” que ha convertido a un Estado en su hacienda personal durante 10 años?
Estamos a puertas de que el Continente empiece a celebrar el bicentenario de sus respectivas independencias en un ambiente en el que la democracia prostituida no ha podido levantarse ni levantar a sus Estados de los proverbiales problemas que desde la época colonial hemos tenido.

La unidad latinoamericana lejos de darse como un nuevo panorama socio político de cara al mundo, es hoy una convergencia de izquierdas circunstanciales, diferenciales y personalistas (en algunos casos) que atentan contra el verdadero sentido de una unificación de directrices políticas en aras de sacar adelante a sus respectivas Naciones.

Para andar sobre estas tierras no hace falta que Fidel dignifique nada, solo es necesario recordar la historia para no tener que repetirla.

16
oct
08

El dilema identitario de las izquierdas en Latinoamérica.

Por: Farid Badrán Robayo. 15/10/2008.

En el último lustro la izquierda en el continente ha tomado fuerza impulsada por vehículos que algunos tildan de populistas, autoritarios, e incluso extrajudiciales….¿cuáles son los verdaderos andamiajes sobre los que se soporta la izquierda en América Latina? y ¿Cómo afecta ello la legitimidad e identidad de la misma en la región?

 

A guisa de la reciente aprobación del referendo por el cual se modifica la Constitución Política de Ecuador, y recordando las no pocas alteraciones de las que ha sido depositaria la Carta Magna venezolana, recobra protagonismo en el continente la idea del turno de las izquierdas en sus diferentes Estados.

 

Con presidentes de corte socialista en Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, Cuba (en su régimen) y Argentina (de un modo más soterrado). Y todo ello en un marco económico mundial regido por el neoliberalismo y el libre mercado exacerbado; se configura un escenario político regional con visos de contrariedades y contradicciones; en el que el desarrollo de la sociedad civil latinoamericana esta comprometido y supeditado al resultado de los experimentos políticos y puntos de inflexión a los que se ven abocados los distintos países mencionados.

 

Y es que en el tema de los gobiernos de izquierda en Latinoamérica convergen muchas variables de discusión de acuerdo al proceso de establecimiento del gobierno en cada país.

 

Se habla en algunos casos de populismo, alienación e incluso enajenación de la población civil. Si a ello le añadimos los ingentes problemas y abusos de los que ha sido depositaria la libertad de prensa, tenemos una ruta segura hacia una verdadera coyuntura socio política en Latinoamérica.

 

Ejemplo de todo ello lo muestra el escenario venezolano en donde Venevisión se vio obligada a emitir por Internet. Y por otro lado los llamados círculos bolivarianos parecieran ser más unas células de control civil a la oposición que eventualmente pueda articularse en el país.

Ecuador por otra parte se ha hecho con el derecho de adquirir el 51% de la participación en los medios de comunicación, quitándole además todo control a los grupos empresariales que tuvieren la tentativa de influir en los mismos.

 

El “Proyecto Bolivariano” que propugna Venezuela es de claro corte socialista y en el afán de sostenerlo está destinando y desgastando – si se quiere – enormes cantidades de recursos para trazar un trapecio entre La Habana, Quito, La Paz y Caracas, que le permitan sostener una imagen de unidad ideológica estable. Ello sin mencionar los esfuerzos diplomáticos llevados a cabo en Moscú y Teherán.

 

Pero ¿La izquierda latinoamericana es realmente esto? o ¿será este su destino? Son cuestionamientos importantes si se tiene en cuenta la naturaleza ineluctablemente chavista provocadora y belicista del liderazgo que estos idearios están incorporando y están mostrando al mundo.

 

Es algo en lo que vale la pena cavilar un poco porque imágenes tan tergiversadas de la izquierda son precisamente las que contribuyen a satanizar a la misma en los círculos académicos políticos medianamente serios.

 

Colombia no es ajena a ello y es tal vez el Estado más perjudicado de todos en la medida en que más de cuarenta años han pasado en conflicto interno, y la guerrilla (ahora terroristas) de las FARC y el ELN son para muchos ojos en el concierto mundial la reivindicación de la izquierda en el país. Muestra innegable de los problemas identitarios de los que adolece este ideario político dentro y fuera de nuestras fronteras.

 

Lo que es y no es la izquierda pertenece definirlo y decidirlo a las nuevas fuerzas laborales, académicas y pensadoras de nuestros días y Estados si queremos abogar por la sensatez y la pulcritud de un verdadero debate y discurso alejado de belicismos trasnochados y de autoritarismos populistas que no son capaces de reconocer la verdad en la vocación política y social de los ciudadanos de hoy en América Latina.




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