Por: Farid Badrán R. 01/09/2009
De la misma manera exigiría una reivindicación por aquellas palabras que no tienen aún un género masculino porque sería susceptible de una discriminación retórica que mi condición no soportaría.
Se supone que debería estar escribiendo algo alusivo al acontecimiento que moldeó la cara del sistema internacional contemporáneo.
Por la segunda guerra mundial muchas cosas florecieron y evolucionaron para ser tal como las conocemos hoy.
Cosas tan curiosas como que la sola existencia de Hitller es la causante de que hoy exista la automotriz Wolslkwaguen, hasta hechos tan trascendentales como la creación de la ONU tras la fallida Sociedad de Naciones o la categorización de Crímenes de Lesa Humanidad en el derecho internacional e interno tras los juicios de Nuremberg, son los diamantes que se encontraron entre el carbón doloroso y recalcitrante del sacrificio de miles de personas: judíos, alemanes, y aliados.
De hecho y si lo pensamos detenidamente la segunda guerra fue la causante de que los Estados Unidos se reafirmaran como potencia en la primera mitad del siglo XX (de que lo hicieran en la otra mitad se encargarían los soviéticos), de que existiera el triste y amenazante prontuario de las bombas atómicas, de la creación de la CECA en Europa que devendría ulteriormente en la UE de nuestros días y en general la causante del temor a otro evento así en la tierra.
Sí. Debería estar cavilando más seriamente acerca de tan pomposa efeméride. Pero si el mundo de nuestros días ya no se para a mirar hacia atrás para aprender de cara al porvenir ¿por qué habría de hacerlo yo?
En vez de estudiar los panoramas de integración mundial a partir de las nociones y tendencias de seguridad en el globo, o de analizar el patrón deontológico de las naciones a partir de la responsabilidad política de los Estados, me concentraré en encontrar la cantidad exponencial de palabras que son sujeto de doble titularización de género. Aún aquellas que tradicional y ortográficamente gozaron de una utilización correcta hasta que el fundamentalismo del género (que se arrogaron tristemente casi todos los movimientos socialistas y de izquierdas en general) llegó a desvirtuar su uso con una plétora de argumentos baladíes y de bagatelas discursivas.
Todo iba bien en mi vida y en la vida de hombres y mujeres (ya empecé), hasta que comencé a notar como en diferentes escenarios se iba distorsionando el género aplicado a los oficios. Lo primero que escuché fue el “ella es médica”, luego vinieron bombazos como “la música”, “la jefa” “la concejala”, “la dependienta”, “la presidenta” y la que me hizo sangrar los ojos fue la de esta mañana con “la cancillera”
Definitivamente el mundo debe estar muy desocupado desde que se pone a gastar la energía vital de sus pensadores y pensadoras en arreglar todo panfleto, pasquín, articulo, comunicado, pendón, pancarta, cartelera, valla y todo cuanto tenga letras a fin de acomodarlas para no ofender a las mujeres y mujeras (porque así habrá de escribirse el femenino del femenino y de la femenina) de la tierra.
En tan noble y útil acto quisiera agregar nuevos calificativos de género que bien podrían terminar de masacrar el mancillado español que no ha tenido suficiente con el “dotor”, la “rebundancia” el “han habido” y las sucedáneas conjugaciones del verbo haber en un infame e infama plural y plurala.
Propongo así nuevos oficios y /o ocupaciones como: Estudiantas, Gerentas, Chefas, Comisarias, Tenientas, y Mayoras.
De la misma manera exigiría una reivindicación por aquellas palabras que no tienen aún un género masculino porque sería susceptible de una discriminación retórica que mi condición no soportaría. Por ello propongo que haya deportistos, electricistos, policios, cancilleros, periodistos, y demás palabras que lo único que hacen en el afán de reivindicar la inclusividad (que raya con la discriminación positiva) es ridiculizar a sus defensores y defensoras. Ciertamente dudo que a la Reina de la tribu Hecita del norte de Persia le haya hecho falta la panfletarización de su género para decapitar a Ciro el Grande, así como tampoco le hizo falta a Cleopatra la exaltación femenina en su directriz política para trascender en la historia, ni a Marie Curie que le dijeran que era una gran “exponenta” de su género para ganarse dos premios Nobel.
El fútil afán de dividir lo indivisible (porque a la postre mujeres y hombres somos complemento - como bien lo expresara la señorita Antioquia el año pasado-), pareciera desperdiciar las energías de la gente en el mundo de hoy que lejos de estar desocupado para ponerse a pensar en semejantes idioteces, necesita de todos nosotros para imprimirle una nueva dinámica a las vocaciones y tendencias internacionales, producto de la triste guerra que no tiene ni reconoce género alguno, y que hoy recordamos como esa gran nocturnidad desoladora que dio paso al amanecer de la humanidad de nuestros días.
¿Nos vemos imbuidos en las más quijotescas escenas internacionales sin percatarnos?
